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viernes, 1 de julio de 2011

Veronika te baila un tango: texto crítico y fotos


Veronika te baila un tango
Veronika Márquez

La noche del sábado, El molino rojo, nunca estuvo tan de acuerdo con su nombre. El viejo espacio de embajadores cobró una magia cabaretera gracias al trabajo visual y performativo de Veronika Márquez y sus Vjs invitados.



De partida, la sala Farolas nos acoge con una serie de videos en gran formato y de pinchazos en vivo: imagen; color, luz y la deconstrucción de una identidad, Los rostros y huellas de Verónika se multiplican haciéndonos ya cómplices de lo que vendrá. Los paraísos perfumados son ya una promesa.



Luego, en grupos pequeños vamos entrando a la sala Ducados, donde en un ambiente de artificioso erotismo, somos invitados por las chicas alegres a presenciar el tango ofrecido.

Veronika cumple con carácter de ritual, las piruetas sobre la barra americana, Su sobriedad y concentración nos hacen sospechar que hay algo más allá que un juego narcisista; se revela entonces el sentido del “baile”, Entrega y sacrificio.


La imagen de la caída libre, se convierte en metáfora, al final, el publico obediente aplaude, la salida rápida de la Performer, deja en evidencia que la pieza esta justamente en los espacios vacíos que deja el silencio y la evocación.

Con taconazos y acción se termina Tabula Rasa II, campo de pruebas, necesario.

Gracias totales.

Texto: Italo Panfichi

Fotos: María Roig

viernes, 24 de junio de 2011

Anunciación: Texto crítico y fotos


Anunciación.
20 de mayo del 2011 Masuno en Escena

Esta noche Jesús Rubio nos invitó a compartir la construcción de un rito. Sembró el suspense ofreciendo a varios de los asistentes un cuenco recubierto con papel Albal que solo podría abrirse cuando el autor lo permitiera. Micrófono en mano, Jesús , anunciaba el primer movimiento : “la estructura”.

Alba Lorca y Carlos Martín, con gran cuidado, comenzaron a diseñar con sus cuerpos las líneas maestras que sostenían la estructura , empleando para ello un lenguaje depurado, lineal y minimalista. Conquistaban la verticalidad a base de arriesgar una y otra vez su equilibrio en un tempo extremadamente ralentizado. Sus pasos intentaban anclarse con firmeza, como un tiento al vacío de la nave. La fabrica con sus paredes desconchadas y su techumbre a la vista, enmarcaba la cadencia del esfuerzo que Alba y Carlos aplicaban a cada paso y frente al hermetismo de sus rostros, se nos mostraba casi orgánica. Este tempo tan lento invitaba a subrayar los detalles - un pie que se arrastra, un dedo que apunta- como una manera de capturar algo de humanidad en estas figuras casi abstractas. Mientras tanto en el texto que Jesús superponía a la coreografía se iba cociendo el conflicto ético : su idea de civilización ¿era un guiño al mundo de “1984 “o un canto a la belleza hiper-dirigida y uniformada? Difícil saberlo.

Tras esta primera parte se presenta “el detalle”. El aliento se vuelve aquí protagonista. Los dos intérpretes juegan con el aire que antes los separaba del espectador. Deciden alargar su exhalación para enfatizar el peso de sus cuerpos, o acortarla para sorprenderse a medio camino entre dos gestos. La estructura por fin respira, esta habitada.


En la última escena se rompe el discurso y se enciende una radio. Los dos intérpretes, como en un Manet contemporáneo “almuerzan sobre el asfalto”. Con la misma cadencia se desvisten, solos, y decoran el cuerpo del otro con papel Albal. Son artesanos cincelándose como iconos a la vista del espectador. Su rigidez y frontalidad contrasta ahora con una emotividad a flor de piel. Vemos como tratan de acercarse , de confluir, de tocarse, pero unas mamparas de cristal les cubren la cabeza y lo hacen imposible. Ellos eligen reírse de sus torpezas. Por eso nos conquistan.

Ya estamos listos, ya podemos abrir los cuencos, batir las claras y derramarlas luego sobre sus cuerpos. Ya casi los adoramos.

Fotos: Eva Guillamón
Texto: Maite Larrañeta



domingo, 12 de junio de 2011

Mater Amantísima: Texto crítico y fotos



MATER AMANTISIMA
SAYAK VALENCIA

El viernes 3, en una noche apurada, donde todo hacia presagiar un día no apto para “las otras voces”, fuimos testigos de un intento de oración, sustentado en un hermosísimo texto de Sayak Valencia y con la disciplinada complicidad de Luisa Pastor.

Dos mujeres, vestidas de negro, desdramatizadas y pulcras nos llevaron a transitar por el vínculo original. Para ello bastó sólo una voz y su resonar se produjo naturalmente en nosotros.


Es por ello, que quizá -y una vez mas-, sobró el intento de teatro, a pesar de lo sugerente de la puesta en escena, su torpe uso nos alejo de lo esencial.

Todo esto nos lleva a la difícil conclusión, que para renovar los lenguajes escénicos no basta con intentarlo desde otras disciplinas, sino saber romper los moldes ya establecidos, el “savoir faire” se hizo cada vez más necesario en la presentación de Sayak.


En este caso, su aparente libertad no fue tal, más bien estuvo condicionada por el buen manejo de los elementos escénicos que su propuesta requería.

Sin embargo, es en estos momentos de “desorden” que la poesía irrumpe y pone las cosas en su sitio. Mater amantísima felizmente emergió y se dejó escuchar, el misterio de las palabras hondas envolvió el espacio y ante la noche distraída se posó sigilosamente en cada uno de nosotros.


martes, 7 de junio de 2011

Volátil: Texto crítico y fotos



Compositores: Peter Ablinger, Iannis Xenakis,Vinko Globokar

Viernes 13 de Mayo

“Volátil”

Danza: Myriam Agar

Música: Luis Tabuenca

Luis Tabuenca nos hizo una presentación formal de la pieza explicando que se dividía en cuatro partes y que la primera, tercer y cuarta eran piezas de los compositores :
Peter Ablinger, Iannis Xenakis y Vinko Globokar.

Comenzaron con una puesta en escena que justificaba la composición. Consistente en una serie de trapos mojados que a modo de ritual pendían de una cuerda goteando sobre cristales. La afinación se debía a los diferentes tamaños de los cristales cuando el agua caía. La dificultad consistió en la propia instalación ya que no se escuchaba como originalmente debiera haber sonado. Quizás los micrófonos, quizás los cristales no estaban colocados de forma adecuada… No hubo un cuidado con la instalación por lo tanto la pieza no funcionó.


Más tarde pudimos ver una segunda pieza que nos cautivó al completo. En el fondo del escenario Luis con un Cello–bombo y Myriam con un cabello negro hasta la cintura. Ella descompuso la figura, su cuerpo se materializaba en forma de instrumento. El sonido y movimiento de su pelo capturó una pieza sonora con intensos despertares.


Tras acabar esta pieza nos trasladaron a otra con el foco inevitable en Luis. Quizás no fue buscado, pero su claridad y precisión en la pieza fue arrasadora. La bailarina quedó en un segundo plano. En esta parte también tenemos que decir que el foco de luz sonaba muchísimo y esto generó malestar. Un descuido nuevamente en la presentación. Se podría justificar por los pocos recursos del molino rojo, pero sería absurdo ya que el artista toma la decisión respecto a como presentar la pieza, adaptarse, escuchar el espacio y responder ante él es la labor de aquel que presenta una pieza escénica o trabajo en proceso.

La cuarta pieza junto a la segunda fueron las más claras. En esta última Luis se puso en el centro del escenario agachado, hecho un ovillo. Era un ser percutiendo su cuerpo de forma nada convencional. Deslizándose con una expresión en el gesto y presencia tan auténticos que nos dejó atónitos. El público descubría la fragilidad y fortaleza de los momentos que revelan la claridad. Una pieza impresionante que nos hizo reflexionar más tarde sobre el individuo en la sociedad, la incapacidad del ser y su capacidad de transformarlo para reafirmarse en si mismo. En las rarezas de uno mismo la forma de aceptarlas y ubicarlas frente a la sociedad.

Un espacio esencial para que el ser humano siga siendo humano.

Fotos: Raúl Orte.

martes, 17 de mayo de 2011

La casa Animal: Texto crítico y fotos


La casa animal más bien parecía una “casa escénica” y bien podría haber sido una casa a secas: con su sala de estar, su dormitorio, su salón, algo para beber y picar… Lo primero fue una invitación a compartir su casa, la de los artistas. Un ambiente artificial de normalidad o una artificial normalidad ambiental, sello, ya recursivo, de las propuestas performativas más contemporáneas. En todo caso, un espacio sosegado, colmado de gente que improvisaba miradas buscando encontrar a otra gente…


Al comienzo -durante el murmullo inicial- se respiró un aire de fiesta clausurada. En el espacio habitaba la contradicción de principio y final. No se sabía si se celebraba algo o ya se había celebrado, pero sí pululaba la incertidumbre de no saber qué iba a pasar.

En el centro de la “casa”, en torno a una mesa repleta de bebidas y copas, estaban sentados los artistas: las bailarinas Lucía Marote y Ana Cruseilles y los músicos Antonio Dueñas y Peter Memmer. Todavía sin noticias del animal, todavía en calma. Sin saber, ni ellos mismos, en qué acabaría la fiesta. Poco a poco el sonido cortante de una botella, arrastrada por Peter contra la pared, fue acallando el murmullo y cristalizando el foco. Poco a poco los cuerpos de los artistas entraron en la tensión de saberse responsables del encuentro. Y así, sin esperar demasiado, empezó a discurrir el impulso.


Lucía y Ana saltaron a la lona del salón buscando dónde acomodarse en el espacio sonoro que ya habían empezado a generar Antonio y Peter. Antonio, con la sinceridad pegada a la garganta, desplegó un juego de texturas sonoras desde el susurro hasta el quejío tribal que permitió el choque de los cuerpos. Un diálogo de células que discurrió entre el amor y el odio. Las bailarinas, auto-enfundadas en una sola camiseta, se confundieron en un solo cuerpo en disputa. Como dos siamesas plegadas en una -bailadas en una-, Lucía y Ana comenzaron a habitar juntas: deseándose, odiándose, acariciándose y golpeándose, en una fusión e intercambio de movimientos entre sus cuerpos dancísticos que, aderezadas con el acertado líquido sonoro con el que Peter y Antonio nos empaparon a todos, terminaron en un clímax atmosférico carnal y excitante, pero difícil de sostener...

Llego la calma y con ella la confusión. El parón. El no sé qué hacer. La fragilidad del verse ahí arrojado y no saber cómo seguir. Un estado de vulnerabilidad donde, en una improvisación como esta, es posible ir más allá de la carne y dejar que emerja “lo raro”, “lo brumoso”, “el vapor” de lo oculto… Pero no, en esta ocasión no pudo ser. El acallado sonido devino silencio y el silencio tibio vacío.

Sin embargo, todavía faltaba algo para el final: “el animal” de la casa.


Tras un improvisado dúo sonoro entre Ana y Antonio, al calor de la cálida voz de una y la guitarra bien temperada del otro, apareció finalmente la animalidad y la fuerza. Sobre la mesa, abandonada entre copas de vino, no era fácil pronosticar que Lucía resurgiera en forma de “animal”: en forma de bello animal.

Y es que, tras un breve coqueteo de movimientos con (contra) Ana, Lucía nos deleitó con la furia de su cuerpo. Con la rebeldía explícita de las formas salvajes y su naturalidad. Con la justeza de la técnica y la ternura de un cuerpo frágil.


Al final, Ana apagó las luces una a una hasta quedarnos a oscuras y en silencio, y yo desee que hubieran seguido bailando y que Antonio y Peter hubieran seguido sonando, en nuestro silencio a oscuras.

Manuel Bellisco

Fotos: Lucie Geffre

lunes, 25 de abril de 2011

4ª&Vencida: Texto crítico y fotos.




4ª&Vencida

4ª&Vencida es una convocatoria colectiva de residencias de la Cía.lamariMorena, junto con La Asociación Menosuno, que lanzaron en el mes de marzo. Durante 4 días de residencia cada compañía (4gatosBaixochan, David León y Cia. Mari Morena) han trabajado en Espacio Joven, Aula de danza Universidad Carlos III y Menosuno. El 8 de Abril tuvimos la oportunidad de ver en Masuno en escena el trabajo en proceso de la 4ª&Vencida.


El primer trabajo en proceso que se presentó fue de Cia. Mari Morena con “Vehemencia”. Desde una estructura muy ordenada y clara presentaron un esbozo del material que surgió durante su investigación. Los cuadros entre una pieza y otra se resolvieron desde la luz, el sonido y la claridad de las creadoras al cambiar de material. Pudimos ver bocetos que se basaban en la utilización de determinados objetos de la vida cotidiana (abrigos, zapatos, teléfonos…).


La utilización de estos fue nada convencional y con una idea narrativa muy clara, aunque a veces creaba un contraste demasiado fuerte. Me refiero a que el objeto en sí nos daba muchísima información de ese cotidiano y por el hecho de utilizarlo de forma abstracta y figurativa se perdía el propio interés de éste, tranformando la pieza en una investigación de posibilidades con el objeto. Gracias a la clara presencia de las creadoras el interés se generó, pero no tanto por el material que utilizaron, sino por el sentido que tenía para ellas. Por ello reflexionamos acerca del enorme interés que suscita ver un trabajo en proceso ya que de alguna manera se muestran los posibles interrogantes y caminos para resolver la pieza. Los artistas experimentan junto al espectador lo que funciona o no, aparte de despertar nuevas preguntas para seguir trabajando.

La segunda presentación fue para 4gatosBaixochan con Milagros Galiano. Daremos una mención especial por un cambio de última hora, puesto que una de las integrantes, Irene Sequeiros, se lesionó el día del pase general y hubo que cambiar la programación para que ellas siguieran en la presentación. De esta forma, Milagros creó una divertida puesta en escena del propio accidente.


Reclutó a uno de los espectadores para resolver la ausencia de Irene. Su manera de adaptar este accidente surgió de manera fresca y brillante. Con sencillez y claridad, llegó a todo público y además hemos de destacar la limpieza de su técnica, que acompañó la dramaturgia de una magnífica pieza improvisada.


Por último tuvimos a David León con “El amado” de Gruñidos Salvajes.
Esta vez la puesta en escena y la intención eran de una pieza casi acabada. Una propuesta barroca donde el creador utilizaba una serie de objetos muy ocurrentes que generaron una buena espectativa, pero que luego no se pudo solventar del todo. Desde la fusión del circo (equilibrios con frutas como granadas y mazas) jugó con la idea de “Un David” en lucha, con el equilibrio del esfuerzo físico, con la belleza de la propia escultura de Miguel Angel…
Uno de los errores más importantes fue utilizar a un actor para hacer de escultor y pseudo maestro-dios. No se entendía, incluso resultaba que estaba totalmente fuera de lugar. Agradecemos el coraje de David pero tuvimos la impresión que el trabajo de dirección falló y fue una pena. Lo cual destruyó la comunicación con el público y con lo que se quería transmitir.


Desde Masuno en Escena valoramos el impulso de la Cía.lamariMorena con 4ª&Vencida y en especial a Daniel, técnico audiovisual, quien estuvo ayudando e intentando resolver problemas durante todo el proyecto.

Fotografías de Raúl Orte.

miércoles, 6 de abril de 2011

Hisako y Rombolá: Texto crítico y fotos



Contar lo que fue la puesta en escena de Hisako Horikawa y Alessandra Romobolá supone ajustar a palabras algo que, para mí, sobrepasó esta dimensión muchas veces limitante. Pero cuento con algo a mi favor, y es que me emocionó.

Hisako se expresa por medio de una técnica creada por ella misma junto a Min Tanaka: el body weather, que concibe el cuerpo como materia que cambia constantemente, como lo hacen el clima y la atmósfera; y Alessandra se expresa a través de la improvisación musical y con muy diversos «instrumentos». Asistimos a un suceder de emociones y realidades diversas que cada una entrelazó fiel a la escucha de sí misma, y no fue necesario mayor argumento, pues se dejaron sentir razones que no atienden a la razón. En su puesta en escena se respiró el compromiso con el momento y una presencia imponente.

Hisako compartió una experiencia de vida generosa y valiente que nos regaló en su entrega en cada uno de sus movimientos; un trabajo que nace de la escucha de las sensaciones, de la confianza en la sabiduría del cuerpo y de las emociones traídas al ahora y surgidas de él. Se expresó a través de muy diversas imágenes que contuvo en su forma más explicativa y potenció en una expresión más sutil. Participamos de un viaje a través de numerosos seres, organicidades, sentimientos, sensaciones a flor de piel, calidades de tono corporal, edades, rostros, manos, extremos, pasos, cada cual habitado plenamente; siendo en sí mismo y a la vez brotando de los demás o dándoles paso. Dio espacio para que cada espectador derramara en sus imágenes las propias y se escuchara en la fortaleza del ser humano, en su sobrecogedora debilidad, en la temprana consciencia de un ser vivo, en la ternura, en la incomprensión, en la fe, en la experiencia despreciada, en el dejarse caer, en la extrañeza del mundo, en el desaliento, la alegría de vivir, la lucha sin sentido, la comicidad de la existencia y en su maravilla. Logró hacerme entender que el body weather proclama la sabiduría del cuerpo y la fuerza del alma del ser humano, y que despierta la conciencia de algo más sutil de nosotros mismos. Bastaron dos coletas y un chubasquero rosa para revelar tal generosidad. Desde el principio, una increíblemente poderosa bajada por las escaleras, hasta el final, un bis de despedida rebosante de alegría y agradecimiento, jamás se detuvo su vivencia interna y en todo momento estuvo conectada con el espacio y el público. Tras penetrar y arañarnos donde emociona para bien y para no tan bien, supo dejarnos con una sonrisa en la cara.


Alessandra dio muestra de gran riqueza creativa, tanto por los instrumentos que utilizó como por su interpretación, y de una puesta en escena igualmente intensa. Escuchó sus pulsiones internas tomando partido firmemente en unos momentos y dejando en otros vía libre al transcurrir del tiempo. Hizo del silencio parte de su música. Sugirió y supo hacerse delicada, contenida, intensa, apoteósica, deambulante… Otro viaje lleno de sugerencias firmemente habitadas por la música.


Dos artistas que viajaron dos caminos en paralelo y se sugirieron desde la distancia. Ojalá os hayáis dejado ir con ellas y ojalá hayan despertado muchos espacios olvidados de vosotros.

Olga Martínez Yuste

Fotografías de Lucie Geffré


sábado, 2 de abril de 2011

Quijote Gata Kalashnikov, texto crítico.





Maña extremeña.

Imagínense a Samuel Beckett, a los de Airbag y a Paco de la Zaranda en un puticlub de la A5. Pues esta propuesta, Quijote Gata Kalashnikov, los pone en la coctelera y los agita a ritmo de Porrina de Badajoz, en una maravillosa apuesta por el acento pacense y el ritmo del sur. La obra pone como excusa la trama de dos utópicos revolucionarios que entran en un puticlub para liberar a Rosa, una especie de Dulcinea a la que ambos aman. Una pieza con dos actores de camisa blanca y pantalón negro a lo Miguel Hernández. En medio de todo esto poca cosa: unas cortinas, telas, macetas, unos zapatos de tacón rojo y una mesa con dos sillas, que ya nos anuncian que algo muy teatral va a ocurrir.

Toda la primera parte de la pieza es un delirio escénico a dúo asimétrico, basado en la astracanada absurda. Un constante malabarismo vernáculo que por momentos parece más castúo que castellano, donde las más de las veces no se sabe qué es gesto y qué es palabra. Un soberbio ejercicio de arrancar al cuerpo una actuación visceral. Pero el divertimento se viene
abajo en la breve segunda parte, cuando hay que tomar las riendas de lo que se quiere contar.


En la segunda, los personajes cambian repentinamente y el giro dramatúrgico se le viene encima al espectador sin saber muy bien a qué viene el pavoroso drama. De repente el gag se transforma en texto y nos encontramos con un cambio de registro absolutamente inocuo e incomprensible, con la única finalidad de formalizar la historia. Una pena porque en sí, sin magnas pretensiones, la pieza es un juguete escénico en manos de dos pícaros, con transiciones muy bien resueltas gracias a Javier Alcántara que hilvana las escenas con sus suaves guitarras, y una disposición escénica que entrega todo el peso a los actores sin más artificio que el que crean los cuerpos.


Quijote Gata Kalashnikov es un lejano intento de actualizar al iluso Alonso Quijano y contemporizar con la risa del público. Pero el drama psicológico se vuelve intolerable y el manifiesto político pueril. En fin, una carcajada fallida.

                                                                                                                                     Jesús Álvarez








                                                                                                                                            
Fotografías de Raúl Orte

viernes, 25 de febrero de 2011

De Aquí a Un Rato. Texto y fotos.



11 de febrero

Quizás el título contenía ya una advertencia para los espectadores, un manual de prevención o un aviso que yo no supe leer. Y es que la pieza que presentaron Verónica Garzón con los bailarines me hubiera gustado que me enganchara, que me “tocara”, que me emocionara, que me hubiera hecho pensar o reír hasta reventar. Hubiera deseado haber salido del Molino Rojo conmocionado o transformado mínimamente, pues el Molino en sí alberga la esperanza de que allí cualquier cosa puede ocurrir. Pero no, la esperanza no fue suficiente.


Verónica, David, Carmela, Diana y Javier nos presentaron un repertorio de ejercicios dancísticos bien soportados en diversas técnicas de release, contact, jazz, etc. Un sucinto despliegue de movimientos estructurados en torno a esforzadas secuencias coreográficas grupales -subrayadísimas por una música recurrente e ineficaz-, y coronadas por la ejecución de una serie de solos repartidos a partes iguales por cada uno de los bailarines. Siendo justos, habría que destacar el trabajo de Diana Bonilla, que sobresalió –precisamente- por su manera de deshacerse del cuerpo. Todo ello quedaba “dramatúrgicamente” hilvanado por el narrativo deambular tristón y confuso de uno de los chicos, y los sucesivos encuentros “dramático-dancísticos” con cada uno de sus compañeros. Y así, sin enterarnos, todo pasó y no pasó nada. Todo sin entusiasmo. Sin fragilidad. Sin espasmo.


Al finalizar, alguien me aclaró –fijándose, supongo, en mi ceño fruncido- que era un trabajo todavía “en proceso”. Como si mi ceño frunciera por la calidad o la todavía borrosa ejecución de los movimientos. Cómo si eso fuera condición suficiente. Nadie me aclaró, sin embargo, si por ser un trabajo “en proceso” –aún hoy me pregunto qué esconde ésta empachosa expresión, además de una disculpa-, quedaba legitimada la inconsistencia de la propuesta; o si es que en la danza contemporánea nos es suficiente para recoger el aplauso del público con aspirar a la buena práctica y ejecución de una supuesta técnica. No entendí si la forma legitimaba el fondo, o si en el supuesto caso de que no hubiera fondo, con la búsqueda de la forma era suficiente.


Con todo, no puedo negar que el ejercicio fue más o menos entretenido, con diversos focos de atención, diversas variantes de trabajo en grupo e individual, etc. Todo bien instalado en el reduccionista esquema de cualquier trabajo de danza (¿sería este el objetivo?). Y sin querer poner en duda el trabajo que seguro hay detrás de la propuesta, me pregunto más bien qué no había detrás, qué no había de fondo, por qué no ocurrió nada. Martin Heidegger en su Ser y Tiempo nos advierte de que antes de emprender cualquier estudio debemos preguntarnos por la legitimidad de la pregunta que justifica nuestra labor, pues eso lo dotará de sentido y profundidad. Quizás Verónica, David, Carmela, Diana y Javier todavía no saben qué se están preguntando, todavía no han encontrado el sentido. Pero quizás no sea más que cuestión de tiempo, quizás de aquí a un rato…

Manuel Bellisco



20 de Febrero.

Hoy todo transcurrió de manera más tranquila ya que como muchos sabréis el 11 tuvimos complicaciones. Me refiero al individuo que saltó a escena, pero que por suerte no produjo ninguna catástrofe.


El grupo estaba mucho más compacto, quizás habían bastantes nervios, era el último día y la compañía invitó a mucha gente del ámbito de la danza. Nos presentaron un trabajo más elaborado respecto al día 11, las transiciones tenían mayor fuidez. Los tiempos en escena respiraron mejor, y tuvimos la oportunidad de ver a Carmela, que nos deleitó en el final con movimientos ondulados y espirales que transcurrian de arriba abajo con seguridad y llenas de expresión. Nos habló desde una danza poética que atrapó la atención de todo el público.


Agradecemos a Diana, Javi, David, Verónica y Carmela su generosidad, ya que como todos sabéis las condiciones en El Molino Rojo no son las recomendadas para la danza. El suelo es duro , hace mucho frío y humedad. Y además sólo hay dos personas que pueden ayudar en el montaje. Por lo tanto gracias por el esfuerzo y espero que en próximas ediciones podamos ofreceros mejores condiciones.

Todas las fotografías son de Miguel Ángel García.


jueves, 10 de febrero de 2011

Improvisación y concierto del 4 de febrero de 2011


Un día frío de nuevo, menos mal que el calor humano nunca falta en El Molino rojo.
Hoy en el programa tuvimos dos propuestas totalmente distintas en la primera parte cuatro improvisadores David León (danza-performance), Owen Clay (danza-performance), Mathieu Callejas (percusión) y Miguel A. García (electrónica). Compartieron un presente lleno de sorpresas, destacando la presencia de Owen ya que fue su primera vez frente al público y nos regaló momentos muy íntimos puros.


David se enfrento a situaciones vertiginosas que le llevaron a escuchar con agudeza el espacio, a su compañero y músicos. Rebelde y con pasión nos ofreció momentos de gran sinceridad. Los músicos con sus estridentes sonidos y pausas nos transportaron desde construcciones musicales con atacaques repentinos, que modularon de forma rítmica el tiempo aportando rupturas a los bailarines. Pudimos observar bastante escucha con los bailarines pero se fue disipando, una pena pero igual es una práctica y nada fácil.


Nos sigue sorprendiendo ver a cuatro personas que no se conocen y que arriesgan desde todas sus virtudes, miserias, dudas, egos… Para crear en el instante y expresar el presente que viven a partir de contextos muy distintos y revelarnos al fin y al cabo el latir de la vida.
Y es que la improvisación nos habla de una reflexión constante sobre lo que hacemos lo que compartimos. Es una revisión contigo, con los otros, con el mundo. Es enfrentarte al instante, querer estar vivo.

Gracias por el regalo.


En la segunda parte desde mundos muy diferente pero con la misma pasión estuvimos latiendo con el proto-punk industrial, electrónica - techno experimental. Sofía una mujer que impresiona, que nos grita sobre el mundo y que atraviesa con su corazón la vida. Nos recuerda el hecho de estar vivos de movernos de actuar. El batería y el bajo dos columnas fundamentales para que esa pasión se materialice nos arrancaron el gesto en la cabeza en el pie ¡no puedes estar quieto! El voltaje altera repercute en nuestros órganos. La electrónica se dejo entreveer aunque no se escuchara del todo.


Un grupo fresco con calidad, que nos seguirá sorprendiendo, seguro. Gracias chicos por gritar al mundo, por levantar nuestros culos de la silla y forzarnos a sentir.


Fotos de Raúl Orte